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ATENTO AVISO

miércoles, 23 de junio de 2010

Un nuevo Comienzo

Sueño de Yannet Alfaro G.



La noche recién comenzaba, las estrellas resplandecían en lo alto parpadeando como si algo advirtieran. Disfrutaba de ese instante tanto como la mirada de dos enamorados, que más podía pedir, estaba conectada con el espacio infinito, con Dios, en una noche maravillosa llena de magia y esplendor. De pronto, mi vista se fija en una estrella muy particular, se distinguía por sobre las demás, titilaba con gran coquetería mostrándose al mundo para llamar su atención, su ubicación, al oriente de la constelación de Orión en meses de verano del Pacífico Sur.

Mi impresión era tal, que no podía despegar la vista de ella, un magnetismo jamás vivido, una corriente que me hechizaba haciendo desaparecer visualmente todo lo existente, a solas y en silencio, comenzó a recorrer por mi cuerpo una extraña sensación, el corazón iniciaba un pálpito al son de aquella luz, estremeciendo mis emociones, para ese entonces, mi piel ya erizada, me indicaba que algo no andaba bien.

Los momentos pasaban, no recuerdo cuánto tiempo estuve impregnada a ese magnetismo, sin embargo, parecían eternos. De pronto, aquella luz inofensiva y hermosa se tornaba amenazante, no parecía una estrella normal, se acercaba cada vez más, no a mí, sino a la Tierra, a la atmósfera de nuestra Tierra. Sin entender lo que sucedía, confundida por aquel evento, mi silencio rompe en voz exclamando ¡La Luna, la Luna se está cayendo!.

Era una esfera hermosamente intimidante de color cobrizo, su tamaño, tan grande como la Luna que hasta pensé que era ella. Se acercó a tal punto que se paseó por los cielos hasta entonces, bellos.

 Esta luna, asteroide, estrella, como le llamen, entró a nuestra órbita sin dar aviso alguno. Siguió su curso desde el oriente al poniente, llevando una estela de interminables y fascinantes colores, su camino, el mar. Nada la detendría, nadie podía, su majestuosidad no se comparaba a nada humanamente experimentado ni todo cuanto conocemos. En poco tiempo nada sería igual.

Mientras se alejaba, agudamente comencé a oír un sonido que no tenía procedencia, como el susurro del viento, mientras tanto la noche se tornaba aún más oscura y la bruma se apoderaba del espacio. Las estrellas, ¡no!, las estrellas ya no estaban y la luz eléctrica se extinguía por sectores. El pánico se apoderó de todo aquel abandonado de fe y el sonido sin procedencia acallaba a la multitud descontrolada.

Aquel sonido era cada vez más fuerte, de pronto y hacia el lado norte entre la bruma se distinguía una figura humana “elevada” en lo alto, su ropaje parecía claro y llevaba consigo un instrumento musical, el sonido al fin descubrí. El son de la trompeta era angelical con notas musicales no tradicionales. Una vez terminado, dio inicio a otro ser de similar característica proveniente del lado sur y este a su vez a otro del lado oriente.

Todos consternados, éramos cuerpos sin alma, sin posibilidad de reacción y previo al desborde. Sin embargo, un nuevo silencio, un silencio ensordecedor, se apoderó de todo. ¡Miren hacia allá!, oí un grito, mi mirada se dirige a aquel, el cual apuntaba hacia el poniente, sí, hacia el mismo sitio donde desapareció aquella estrella. Una figura magistral se elevaba, un brillo como miles de toneladas de oro, pies descalzos, su cabello, también oro, se confundía con el ropaje de su silueta. Sus brazos abiertos, se extendían al Universo…Quién es?, me preguntaba, comencé a temblar, el hielo polar lo sentí en mi cuerpo…Por Dios!, quién es?, me preguntaba una y otra vez.

De pronto supe que era él, el personaje de cientos de años y un par de milenios, ese a quienes muchos complace y por el cual se regocijan.

Al reconocer su imagen, sentí que todo cuanto existía estaba de más, su sonrisa expresiva con hoyuelos en las mejillas era generosa y pacífica, en cierto modo llamaba a la calma, estaba nuevamente magnetizada, que solo los gritos y exclamaciones de muchos, me perturbaron.

Luego de recuperar mi alma, entre tanto caos, su voz escuché, era como un trueno, hablaba a los cielos como citando escrituras en un idioma extraño, nada logré entender, sin embargo, desde ese instante todo comenzó.

Aquellas trompetas elevaron su sonido a lo alto y hermosos carros se precipitaban a tierra, eran luminosos, inmensamente luminosos, se acercaban lentamente como aves en vuelo. A mi lado, una mujer arrodillada imploraba perdón, su sollozo era conmovedor “Perdóname, mi gran Señor”, “No te vayas sin mí” , “Este mundo ya no es tan hermoso, ya no lo es”.

Fue entonces que El, alza sus manos al cielo, citando nuevas escrituras inicia su cometido. Su brazo derecho se extiende apuntando a aquellos que seguramente no quiere dejar.

La cuenta ha vencido, ya no hay retroceso. De su dedo índice se desprendía un rayo dirigido a algunos, solo algunos, este transformaba sus ropajes en telas blancas de hermoso resplandor, sueltas como túnicas, fue entonces que cada uno de ellos como zombis caminaban hacia los carros ya estacionados, en silencio y con mirada fija como si a su alrededor nada sucediera.

Luego, de concentrar mi mirada en aquella situación, un triste sentimiento embargó mi alma, reconociéndome, siempre supe que conservaba un corazón con conciencia, sin embargo, me preguntaba, ¿sería suficiente para que ese ser volviera sus ojos hacia mí?. Tal vez ni siquiera lo recuerde, tal vez ni siquiera me recuerde y de ser así, no podría conformarme.

Mientras meditaba, recordaba si la vida que había llevado, no di el tiempo suficiente para amar con tranquilidad, en forma pausada y dedicada, detenerse por un instante cada día y trabajar para la propia evolución, no era sacrificio, en tanto, a mis ojos nada hice. Viví buscando sueños, sueños rodeados de frivolidades dirigidos a la prosperidad material.


Amé lo que mis ojos moldeaban y lo que no, rechazaba. Como aquella noche, al inicio de esta historia, me maravillaba con estrellas coquetas, amarla en ese momento era fácil, pero ahora me cuesta, toda brumosa, sumergida en la más absoluta oscuridad. Que engaño, si amo la noche, debe ser en su totalidad con o sin perlas titilantes, no solo a lo que mis ojos agrada, sino a lo que a mi alma regocija, que nada tiene que ver con la belleza exterior..

Dios mío, aún cuando ya no estés y aún cuan triste parezca, el sentimiento que un día llamé amor, se muere aquí y renace este que sin anunciar me has enseñado. Vete, que contigo llevas solo tu imagen, el amor que un día derramaste, queda aquí, junto a mí y en esta vida incierta.

Una vez dicho eso y después de un silencio estremecedor, todo mi ser fue envuelto en luz y calor, veo mis pies y todo desparecía, descalza y con ropaje albo como la nieve miro hacia lo alto y sin pensar, alzo mis brazos diciendo “Bendito seas, gracias por recordarme”. Mis piernas comenzaron a moverse de manera innata, mi mirada fija hacia un objetivo, una nave. Quise observar alrededor y una voz me dice, no voltees y sigue. Así lo hice.

Por fin llegué a la puerta inicial del carro, su interior era indescriptible, adornaban sus paredes hermosas figuras celestiales de vivos colores, llenos de magia. Uno a uno subíamos, comandaba un hombre que más bien parecía monje, no vi su rostro puesto que estaba de espaldas con un solo objetivo, comandar la nave. Todos abordo, se cierran las puertas e iniciamos la partida, suspendiéndose poco a poco y sin emitir sonido nos íbamos.

La nave tenía pequeñas ventanillas a su alrededor y quise mirar hacia abajo. Mi impresión no tenía límites, todo escrito en tiempos pasados, por culturas antiguas e inclusive los aquí citados, podrían expresar y describir siquiera lo que mis ojos contemplaban.




Hecatombe magistral, destrucción nunca antes vista, gente implorando vivir, algunos morir, mi esencia impactada me obliga a no ver y la compasión, me abrumó. Después de ello, nada más vi, no sé lo que sucedió, ni cuánto tiempo duró. El silencio nuevamente me embargó, como a todos los pasajeros de la nave, ningún familiar a mi lado, ni amigos queridos, ni conocidos, mi conciencia esperanzada pedía que al menos alguno, viajara en otra nave. Salimos de órbita, creo yo, porque la Tierra ya no se distinguía, continuamos en marcha y por las ventanilla delanteras observaba caminos ya trazados de color dorado, algunos angostos y curvos, no obstante, eran solo huellas, la nave no tocaba base.

Después de un tiempo, ya no sé cuánto, la nave arribó, abre sus puertas y para mi gran sorpresa, nos encontramos en un lugar ciertamente bello, a medida que descendíamos los rostros fríos se llenaban de luz, áreas verdes por doquier, iluminadas con un nuevo sol, yo fui la última en bajar pero antes pregunté al monje, dónde estamos?, veré a mi madre aquí?, los que me conocen, saben que ella hace mucho murió, sin embargo, solo la segunda respondió. “No, ella no está aquí, se encuentra muy cerca, pero no aquí”.

Caminando nos conducía hacia un sector el cual había una hilera de mesas con sillas ubicadas a mi registro terrenal al oriente y poniente. En el lado Oriente todas ocupadas con monjes de telas blancas, cabellos canos plata, piel color rosa. Sus rostros mirando a la mesa, con las manos entre lazadas a la espera de nosotros. Cada uno se sentaba en frente y cuando íbamos sentado, quedamos expectantes. De pronto, aquel frente de mí, levanta el rostro, sus ojos color calipso me miraron y sin decir nada, su mano derecha cubre la mía y sonriendo dice, “Lo has hecho bien”. Mi corazón se arrebató de gozo y desde entonces nada más sé.


Después de ello, mis ojos abrí y ví la realidad. Estaba en mi cama, confundida, ya era de mañana, una cálida mañana de febrero año 1996, después de un rato, entendí que todo lo experimentado en mi historia había sido un sueño. Hoy, después de 14 años y entre tantos anuncios y hechos acontecidos en la Tierra, me atrevo a contar, después de tantos años, aún no sé si fue un sueño o una revelación. Después de tantos años, observo la similitud con registros de culturas milenarias, religiosas y científicas que logran conmoverme; el armagedón, el planeta rojo, los ovnis, seres de otra dimensión, el arrebatamiento y la tribulación, todo en mi sueño, todas las creencias y culturas concentradas en una historia nocturna, quien me conoce, sabe que apegos no tengo con ninguna de las aquí mencionadas, no obstante, estuvieron presentes.

Entre tantos años, vuelvo a creer que nuestra vida tiene una razón, la evolución espiritual no es fortuita, es un trabajo individual. En fin, en cualquier caso, te invito a revisar tu vida y a trabajar por ti y los cercanos, ama de corazón, sé generoso y tolerante, cuida de los animales y la naturaleza, sé condescendiente, sé feliz y agradecido con lo que has logrado porque es todo lo que necesitas, y por sobretodo, nunca pierdas la fe, porque ella, es la luz del espíritu y la esperma con la cual sellarás la historia de tu vida .

He querido compartir mi sueño contigo…Y tal vez no es casual.